El fin de semana tuve que asistir a una fiesta de gala del trabajo. Con emoción elegí mi vestido rosado, ese día aunque tuve que trabajar saqué tiempo para ir a la peluquería cortarme el cabello y quedar muy linda.
Semanas antes le dije a mi esposito que buscara el traje, que alquilara uno o pidiera uno prestado, pues llegó el día y no tuvo ni lo uno, ni lo otro. Digamos que se salió por la tangente.
Después de ir a trabajar, yo con mucha rabia y tristeza me vestí, me maquillé y me alisté para ir a la fiesta. Mientras hacía todo esto mi bebé, Christian dormía su siesta. Cuando me fui de la casa no lo pude ver.
Fui a la fiesta de gala y en realidad la pasé bien. Buena música, buena comida. Afortunadamente tuve dos galanes que me acompañaron, mis amigos Alejandro y Kevin.
Pero lo mejor de toda la noche ocurrió cuando regresé a casa, a las 12 como cenicienta.
Después de saludar a mi esposo, salió corriendo Christian a verme. Lo abracé, lo besé y le pregunté cómo le había ido, no me prestó atención y se fue a su cuarto.
Yo me cambié de ropa, me puse la pijama y fui a jugar con él.
Al verme me preguntó: Mamí, what happen? YOU ARE NOT A PRINCESS ANYMORE.
Solo para escuchar esas palabras valió la pena vestirmr y arreglarme. Al menos para él, esa noche fui una "princesa".
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