Mi hijo Christian cumplió 4 años el mes pasado y aunque cada año le hemos festejado su cumpleaños, esta vez pensamos en la posibilidad de hacerle algo en la escuela.
Pero la situación económica está difícil así que mi esposo y yo pensamos ahorrarnos los $50 que gastaríamos en el pastel y en las gaseosas y no celebrarle nada, al fin y al cabo él ni se da cuenta, pensamos.
Después de discutirlo nos decidimos a hacer la celebración, contactamos a la escuela, encargamos el pastel (ya que tiene que ser de una tienda y no hecho en casa). Ese día salimos temprano de casa y al llegar a la escuela nos enteramos de que la celebración no sería en horas de la mañana (conveniente para una mamá trabajadora como yo) sino a las 2:30 pm., justo a la hora de la merienda de los niños.
¿Qué? Imposible para mi, pensé.
La maestra me dijo: No se preocupe. Muchos padres dejan el pastel y no vienen a compartir con sus hijos.
Salí de allí volando al trabajo, hice mis asignaciones lo antes posible, deje mi almuerzo en la nevera y pedí permiso para tomar mi hora de almuerzo fuera de la oficina.
Sin almorzar, mi esposo y yo llegamos a la escuela. Mi esposo también hizo malavares en su trabajo.
Al llegar allá, abrimos el pastel de Power Rangers y la maestra lo colocó al frente de Christian, le dijo a los otros niños que no podían sacar las figuritas que adornaban el pastel que todas eran para él, lo dejó elegir primero la porción de pastel que más le agradara. Ella lo hizo sentir especial, nosotros compartirmos ese importante momento y él estuvo feliz.
Al salir de allí, una hora después, todavía iba con el estómago vacío pero contenta porque le dimos a nuestro hijo un día en el que él les especial, para nosotros, para la maestra y sus compañeros.
Si se acordará de esa fiestecita, no lo sé. Solo se que después de ver su sonrisa intentaré darle prioridad a esas pequeñas cosas que marcan la diferencia. Aunque impliquen un sacrificio de mi parte.
Tener hijos es una bendición pero convivir con ellos es toda una odisea. Aquí contaré las historias chistosas y nos tan cómicas de mi Capitan (Christian Bastidas) y de mi princesa (Vanessa Bastidas)
Thursday, April 23, 2009
Wednesday, April 22, 2009
El precio de dormir hasta tarde
Todos los días luchamos por la mañana para levantar a Christian. Siempre tiene sueño, hace pataletas y no se quiere vestir. Sin embargo, los fines de semana, las cosas cambian.
Él es el primero en levantarse. Nos despierta como a las 7 u 8 y desde esa hora quiere comenzar a jugar. No importa si la noche anterior los papás tuvieron una fiesta y se acostaron tarde o si tenemos dolor de cabeza, cuando él se levanta toca comenzar a correr.
Para solventar esa situación, comenzamos a dejarlo despierto hasta tarde los viernes. Así el sábado se levanta tarde y nos deja dormir. Lo mismo ocurre el domingo. El problema es que como se levanta cerca del medio día, toma una siesta como a las 6 pm, y su hora de sueño se trastorna totalmente.
A veces es domingo 1 a.m y el pequeñín no se quiere dormir. Quiere que lo cargue y lo pasee por toda la casa como si fuera un bebé de meses.
Mucho menos quiere levantarse el lunes. Ni que lo mueva, ni que lo vista dormido, ni que le diga que le preparé su comida favorita, nada. No hay poder humano que lo saque de la cama.
"Tienen que mantener la rutina toda la semana", me dijo una psicóloga. "Imposible", pensé, "prefiero que me deje dormir hasta tarde aunque sea un día a la semana".
Hoy cambié de opinión, es domingo, son las 1 a.m y todavía no se duerme. Mañana llegaré a la oficina con unas ojeras enormes y con muuuucho sueño. Creo que comenzaré a escuchar consejos, puede que haya gente con experiencia y reglas básicas que hagan mi vida más fácil.
Él es el primero en levantarse. Nos despierta como a las 7 u 8 y desde esa hora quiere comenzar a jugar. No importa si la noche anterior los papás tuvieron una fiesta y se acostaron tarde o si tenemos dolor de cabeza, cuando él se levanta toca comenzar a correr.
Para solventar esa situación, comenzamos a dejarlo despierto hasta tarde los viernes. Así el sábado se levanta tarde y nos deja dormir. Lo mismo ocurre el domingo. El problema es que como se levanta cerca del medio día, toma una siesta como a las 6 pm, y su hora de sueño se trastorna totalmente.
A veces es domingo 1 a.m y el pequeñín no se quiere dormir. Quiere que lo cargue y lo pasee por toda la casa como si fuera un bebé de meses.
Mucho menos quiere levantarse el lunes. Ni que lo mueva, ni que lo vista dormido, ni que le diga que le preparé su comida favorita, nada. No hay poder humano que lo saque de la cama.
"Tienen que mantener la rutina toda la semana", me dijo una psicóloga. "Imposible", pensé, "prefiero que me deje dormir hasta tarde aunque sea un día a la semana".
Hoy cambié de opinión, es domingo, son las 1 a.m y todavía no se duerme. Mañana llegaré a la oficina con unas ojeras enormes y con muuuucho sueño. Creo que comenzaré a escuchar consejos, puede que haya gente con experiencia y reglas básicas que hagan mi vida más fácil.
Que sea sanito y... niña
Cuando me dijo la doctora que iba a tener un varón mi respuesta fue "¿esta segura?" y mientras mi esposo y mi padre se abrazaban de la felicidad de tener un heredero, yo me quedé pensando que mis sueños de vestir y peinar a una princesita no se harían realidad.
Me hice a la idea de que tendría una experiencia distinta a la que deseaba, pero estaba dispuesta a disfrutar del pequeño traviso que me llegaría.
Y así fue. Desde antes de que Christian naciera ya conocíamos todos los productos de varones, los juguetes especiales para bebés, las decoraciones de animalitos para el cuarto, etc.
Cuando llegó el bebé disfruté al máximo de sus ropitas azules, de sus primeros carritos, de las pelotas, de las espadas, de las pistolas. Hoy, a sus 4 años, me disfrazo del zorro y corro detrás de él que vestido de Power Ranger intenta atraparme.
En mi opinión creo que soy una gran mamá de un niño varón.
Pero cuando pienso en mi próximo bebé, estoy segura de que esta vez sí será una niña. Espero que Dios en algún lugar esté viendo como paso las noches jugando partidos de futbol, haciendo combates con espadas, e intentando rescatar a los buenos con la ayuda de los super héroes. Y seguramente el verme dirá " Esta mamá se lo merece".
Creo que he hecho los méritos para que me manden una princesa.
Y frente a la frase común de las embarazadas "no me importa lo que sea (niña o varón), yo solo quiero que sea sanito", yo diría " Dios mio que sea sanito, pero niña".
Me hice a la idea de que tendría una experiencia distinta a la que deseaba, pero estaba dispuesta a disfrutar del pequeño traviso que me llegaría.
Y así fue. Desde antes de que Christian naciera ya conocíamos todos los productos de varones, los juguetes especiales para bebés, las decoraciones de animalitos para el cuarto, etc.
Cuando llegó el bebé disfruté al máximo de sus ropitas azules, de sus primeros carritos, de las pelotas, de las espadas, de las pistolas. Hoy, a sus 4 años, me disfrazo del zorro y corro detrás de él que vestido de Power Ranger intenta atraparme.
En mi opinión creo que soy una gran mamá de un niño varón.
Pero cuando pienso en mi próximo bebé, estoy segura de que esta vez sí será una niña. Espero que Dios en algún lugar esté viendo como paso las noches jugando partidos de futbol, haciendo combates con espadas, e intentando rescatar a los buenos con la ayuda de los super héroes. Y seguramente el verme dirá " Esta mamá se lo merece".
Creo que he hecho los méritos para que me manden una princesa.
Y frente a la frase común de las embarazadas "no me importa lo que sea (niña o varón), yo solo quiero que sea sanito", yo diría " Dios mio que sea sanito, pero niña".
¿Vas a trabajar o a jugar?
Para animar a mi hijo a quedarse tranquilo en su guardería sin hacerme un berrinche se me ocurrió proponerle que yo sería la que se quedaría en el colegio y que él sería el encargado de ir a trabajar en mi lugar.
- Ok, Christian llegamos. Llévate el carro y vete a mi trabajo que yo me quedaré aquí en la escuela.
- No mami, me dijo. Y entró corriendo, se quedó animado en su salón y no soltó ni una lágrima.
Después de varia escenas similares, cierta mañana le dije:
-Ya llegamos, yo me quedo aquí y tu te vas a trabajar.
- Me respondió okey mami.
(Oh, oh, me quedé pensando, mi truco ya no funciona)
¿Y que vas a hacer en el trabajo?, le pregunté.
- Voy a jugar todo el día como tú.
En ese momento no supe si reir o llorar. Me pareció inocente que mi hijo pensara que paso 8 horas del día jugando en una oficina.
- Pues dejame decirte una cosa, mami cuando te deja en la escuela no se va a jugar, se va a trabajar muy duro para ganar dinero.
- ¿Monedas mami?
- Sí, monedas.
- Ah, Ok yo me quedo aquí, me dijo.
Lo dejé y me fui pensando que desde muy pequeños nos toca enseñarle a nuestros hijos el valor del trabajo y el sacrificio que hacemos para darles todo lo que nos piden. Al fin y al cabo, nuestras oficinas están muy lejos de una sala de juegos.
- Ok, Christian llegamos. Llévate el carro y vete a mi trabajo que yo me quedaré aquí en la escuela.
- No mami, me dijo. Y entró corriendo, se quedó animado en su salón y no soltó ni una lágrima.
Después de varia escenas similares, cierta mañana le dije:
-Ya llegamos, yo me quedo aquí y tu te vas a trabajar.
- Me respondió okey mami.
(Oh, oh, me quedé pensando, mi truco ya no funciona)
¿Y que vas a hacer en el trabajo?, le pregunté.
- Voy a jugar todo el día como tú.
En ese momento no supe si reir o llorar. Me pareció inocente que mi hijo pensara que paso 8 horas del día jugando en una oficina.
- Pues dejame decirte una cosa, mami cuando te deja en la escuela no se va a jugar, se va a trabajar muy duro para ganar dinero.
- ¿Monedas mami?
- Sí, monedas.
- Ah, Ok yo me quedo aquí, me dijo.
Lo dejé y me fui pensando que desde muy pequeños nos toca enseñarle a nuestros hijos el valor del trabajo y el sacrificio que hacemos para darles todo lo que nos piden. Al fin y al cabo, nuestras oficinas están muy lejos de una sala de juegos.
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