Cuando me dijo la doctora que iba a tener un varón mi respuesta fue "¿esta segura?" y mientras mi esposo y mi padre se abrazaban de la felicidad de tener un heredero, yo me quedé pensando que mis sueños de vestir y peinar a una princesita no se harían realidad.
Me hice a la idea de que tendría una experiencia distinta a la que deseaba, pero estaba dispuesta a disfrutar del pequeño traviso que me llegaría.
Y así fue. Desde antes de que Christian naciera ya conocíamos todos los productos de varones, los juguetes especiales para bebés, las decoraciones de animalitos para el cuarto, etc.
Cuando llegó el bebé disfruté al máximo de sus ropitas azules, de sus primeros carritos, de las pelotas, de las espadas, de las pistolas. Hoy, a sus 4 años, me disfrazo del zorro y corro detrás de él que vestido de Power Ranger intenta atraparme.
En mi opinión creo que soy una gran mamá de un niño varón.
Pero cuando pienso en mi próximo bebé, estoy segura de que esta vez sí será una niña. Espero que Dios en algún lugar esté viendo como paso las noches jugando partidos de futbol, haciendo combates con espadas, e intentando rescatar a los buenos con la ayuda de los super héroes. Y seguramente el verme dirá " Esta mamá se lo merece".
Creo que he hecho los méritos para que me manden una princesa.
Y frente a la frase común de las embarazadas "no me importa lo que sea (niña o varón), yo solo quiero que sea sanito", yo diría " Dios mio que sea sanito, pero niña".
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