Para animar a mi hijo a quedarse tranquilo en su guardería sin hacerme un berrinche se me ocurrió proponerle que yo sería la que se quedaría en el colegio y que él sería el encargado de ir a trabajar en mi lugar.
- Ok, Christian llegamos. Llévate el carro y vete a mi trabajo que yo me quedaré aquí en la escuela.
- No mami, me dijo. Y entró corriendo, se quedó animado en su salón y no soltó ni una lágrima.
Después de varia escenas similares, cierta mañana le dije:
-Ya llegamos, yo me quedo aquí y tu te vas a trabajar.
- Me respondió okey mami.
(Oh, oh, me quedé pensando, mi truco ya no funciona)
¿Y que vas a hacer en el trabajo?, le pregunté.
- Voy a jugar todo el día como tú.
En ese momento no supe si reir o llorar. Me pareció inocente que mi hijo pensara que paso 8 horas del día jugando en una oficina.
- Pues dejame decirte una cosa, mami cuando te deja en la escuela no se va a jugar, se va a trabajar muy duro para ganar dinero.
- ¿Monedas mami?
- Sí, monedas.
- Ah, Ok yo me quedo aquí, me dijo.
Lo dejé y me fui pensando que desde muy pequeños nos toca enseñarle a nuestros hijos el valor del trabajo y el sacrificio que hacemos para darles todo lo que nos piden. Al fin y al cabo, nuestras oficinas están muy lejos de una sala de juegos.
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