Desde que nació mi hijo hace cuatro años, mi mayor anhelo era tener una niña.
Me dijeron que para quedar embarazada de una niña debía tener relaciones días antes de la ovulación y hacer una dieta especial con más lácteos y cereales, pero antes de que pudiese poner en práctica alguno de estos trucos, mi prueba de embarazo dio positivo.
"Dios mío, y ¿ahora qué? Me imagino que como he sido una excelente madre de un niño varón, tú me vas a premiar con una nena", decía en mis plegarias.
Siguiendo los consejos de mis compañeras de trabajo, me hice una prueba casera que está muy de moda y que promete decirte el sexo del bebé desde la semana número diez. Yo la hice a las 12 semana y mi resultado fue "It’s a boy".
No puedo negar que sentí una gran desilusión y con esperanza me puse a investigar la prueba.
Los fabricantes aseguran que ese examen tiene un 90 por ciento de efectividad, pero algunas mamás dicen en Internet que se han equivocado en los resultados. Yo no me hice más ilusiones y digamos ‘me resigné’ a que tendría mi segundo varón. Trece semanas más tarde llegue al doctor para realizarme el ultrasonido y el doctor me preguntó "¿quieres saber el sexo del bebé?".
"Sí, pero ya sabemos que es un niño", le dijimos mi esposo y yo.
Al hacer la prueba, el doctor nos dijo "aquí yo veo una niña".
"¿Esta seguro doctor", le dije entre lágrimas. "Sí mira, se ve perfecto", dijo.
Es imposible poner en palabras lo que sentí en ese momento, pero creo que es algo similar a lo que sienten los niños cuando abren sus regalos de Navidad y ven, después de portarse muy bien, el juguete que tanto anhelaron.
La prueba en mi caso falló y el error fue positivo para mí. No me quiero imaginar la cara de las madres a las que ilusionadas les pasa lo contrario.
Hay que pensarlo muy bien antes de hacerse esa prueba, a lo mejor vale la pena esperar.
Cosas de niños
Tener hijos es una bendición pero convivir con ellos es toda una odisea. Aquí contaré las historias chistosas y nos tan cómicas de mi Capitan (Christian Bastidas) y de mi princesa (Vanessa Bastidas)
Thursday, September 2, 2010
Con el brazo fracturado
“Baby, creo que Christian se fracturó el brazo”, me dijo mi esposo con voz nerviosa y alterado. “Pues corramos al hospital”, le dije.
Cuando vi a mi hijo era evidente que algo pasaba en su brazo, que en vez de estar derecho tenía un abultado en la muñeca. En el carro me enteré de que mi travieso hijo se cayó de las barras conocidas aquí como monkey bars.
Al caer al piso perdió el equilibrio y cayó sobre su brazo derecho.Al llegar a emergencias, mi esposo lo cargaba, él lloraba y yo “supuestamente” tranquila llenaba las planillas necesarias.
Le entablillaron el brazo mientras esperábamos y desde ese momento yo me comencé a marear y hasta tuve que sentarme, pues ahora, con cinco meses de embarazo, no tengo la misma fortaleza de siempre.
Cuando nos pasaron a ver al doctor, mi hijo seguía llorando, mi esposo lloraba con él y yo tuve que pedir una camilla porque me iba a desmayar. Los pobres doctores en lugar de atender a una sola persona, tenían que atendernos a los tres.
Tres horas después llegó el ortopedista, anestesiaron a mi bebé y con un jalón el médico le enderezó su muñeca quebrada y le colocó un yeso.
A Christian le dejaron el yeso por cinco semanas, pero creo que para él el aprendizaje llegó mucho más rápido que su recuperación. La misma noche en que se quebró el brazo le dijo a su primita: “Los monkey bars son muy altos yo no juego más allí”.
Le tomó sus cuatro años de vida y un brazo roto para darse cuenta del peligro que hay en el parque. Definitivamente nadie aprende con los consejos de los padres, ni con las experiencias ajenas.
Cuando vi a mi hijo era evidente que algo pasaba en su brazo, que en vez de estar derecho tenía un abultado en la muñeca. En el carro me enteré de que mi travieso hijo se cayó de las barras conocidas aquí como monkey bars.
Al caer al piso perdió el equilibrio y cayó sobre su brazo derecho.Al llegar a emergencias, mi esposo lo cargaba, él lloraba y yo “supuestamente” tranquila llenaba las planillas necesarias.
Le entablillaron el brazo mientras esperábamos y desde ese momento yo me comencé a marear y hasta tuve que sentarme, pues ahora, con cinco meses de embarazo, no tengo la misma fortaleza de siempre.
Cuando nos pasaron a ver al doctor, mi hijo seguía llorando, mi esposo lloraba con él y yo tuve que pedir una camilla porque me iba a desmayar. Los pobres doctores en lugar de atender a una sola persona, tenían que atendernos a los tres.
Tres horas después llegó el ortopedista, anestesiaron a mi bebé y con un jalón el médico le enderezó su muñeca quebrada y le colocó un yeso.
A Christian le dejaron el yeso por cinco semanas, pero creo que para él el aprendizaje llegó mucho más rápido que su recuperación. La misma noche en que se quebró el brazo le dijo a su primita: “Los monkey bars son muy altos yo no juego más allí”.
Le tomó sus cuatro años de vida y un brazo roto para darse cuenta del peligro que hay en el parque. Definitivamente nadie aprende con los consejos de los padres, ni con las experiencias ajenas.
Thursday, April 23, 2009
¿Le hacemos fiesta de cumpleaños?
Mi hijo Christian cumplió 4 años el mes pasado y aunque cada año le hemos festejado su cumpleaños, esta vez pensamos en la posibilidad de hacerle algo en la escuela.
Pero la situación económica está difícil así que mi esposo y yo pensamos ahorrarnos los $50 que gastaríamos en el pastel y en las gaseosas y no celebrarle nada, al fin y al cabo él ni se da cuenta, pensamos.
Después de discutirlo nos decidimos a hacer la celebración, contactamos a la escuela, encargamos el pastel (ya que tiene que ser de una tienda y no hecho en casa). Ese día salimos temprano de casa y al llegar a la escuela nos enteramos de que la celebración no sería en horas de la mañana (conveniente para una mamá trabajadora como yo) sino a las 2:30 pm., justo a la hora de la merienda de los niños.
¿Qué? Imposible para mi, pensé.
La maestra me dijo: No se preocupe. Muchos padres dejan el pastel y no vienen a compartir con sus hijos.
Salí de allí volando al trabajo, hice mis asignaciones lo antes posible, deje mi almuerzo en la nevera y pedí permiso para tomar mi hora de almuerzo fuera de la oficina.
Sin almorzar, mi esposo y yo llegamos a la escuela. Mi esposo también hizo malavares en su trabajo.
Al llegar allá, abrimos el pastel de Power Rangers y la maestra lo colocó al frente de Christian, le dijo a los otros niños que no podían sacar las figuritas que adornaban el pastel que todas eran para él, lo dejó elegir primero la porción de pastel que más le agradara. Ella lo hizo sentir especial, nosotros compartirmos ese importante momento y él estuvo feliz.
Al salir de allí, una hora después, todavía iba con el estómago vacío pero contenta porque le dimos a nuestro hijo un día en el que él les especial, para nosotros, para la maestra y sus compañeros.
Si se acordará de esa fiestecita, no lo sé. Solo se que después de ver su sonrisa intentaré darle prioridad a esas pequeñas cosas que marcan la diferencia. Aunque impliquen un sacrificio de mi parte.
Pero la situación económica está difícil así que mi esposo y yo pensamos ahorrarnos los $50 que gastaríamos en el pastel y en las gaseosas y no celebrarle nada, al fin y al cabo él ni se da cuenta, pensamos.
Después de discutirlo nos decidimos a hacer la celebración, contactamos a la escuela, encargamos el pastel (ya que tiene que ser de una tienda y no hecho en casa). Ese día salimos temprano de casa y al llegar a la escuela nos enteramos de que la celebración no sería en horas de la mañana (conveniente para una mamá trabajadora como yo) sino a las 2:30 pm., justo a la hora de la merienda de los niños.
¿Qué? Imposible para mi, pensé.
La maestra me dijo: No se preocupe. Muchos padres dejan el pastel y no vienen a compartir con sus hijos.
Salí de allí volando al trabajo, hice mis asignaciones lo antes posible, deje mi almuerzo en la nevera y pedí permiso para tomar mi hora de almuerzo fuera de la oficina.
Sin almorzar, mi esposo y yo llegamos a la escuela. Mi esposo también hizo malavares en su trabajo.
Al llegar allá, abrimos el pastel de Power Rangers y la maestra lo colocó al frente de Christian, le dijo a los otros niños que no podían sacar las figuritas que adornaban el pastel que todas eran para él, lo dejó elegir primero la porción de pastel que más le agradara. Ella lo hizo sentir especial, nosotros compartirmos ese importante momento y él estuvo feliz.
Al salir de allí, una hora después, todavía iba con el estómago vacío pero contenta porque le dimos a nuestro hijo un día en el que él les especial, para nosotros, para la maestra y sus compañeros.
Si se acordará de esa fiestecita, no lo sé. Solo se que después de ver su sonrisa intentaré darle prioridad a esas pequeñas cosas que marcan la diferencia. Aunque impliquen un sacrificio de mi parte.
Wednesday, April 22, 2009
El precio de dormir hasta tarde
Todos los días luchamos por la mañana para levantar a Christian. Siempre tiene sueño, hace pataletas y no se quiere vestir. Sin embargo, los fines de semana, las cosas cambian.
Él es el primero en levantarse. Nos despierta como a las 7 u 8 y desde esa hora quiere comenzar a jugar. No importa si la noche anterior los papás tuvieron una fiesta y se acostaron tarde o si tenemos dolor de cabeza, cuando él se levanta toca comenzar a correr.
Para solventar esa situación, comenzamos a dejarlo despierto hasta tarde los viernes. Así el sábado se levanta tarde y nos deja dormir. Lo mismo ocurre el domingo. El problema es que como se levanta cerca del medio día, toma una siesta como a las 6 pm, y su hora de sueño se trastorna totalmente.
A veces es domingo 1 a.m y el pequeñín no se quiere dormir. Quiere que lo cargue y lo pasee por toda la casa como si fuera un bebé de meses.
Mucho menos quiere levantarse el lunes. Ni que lo mueva, ni que lo vista dormido, ni que le diga que le preparé su comida favorita, nada. No hay poder humano que lo saque de la cama.
"Tienen que mantener la rutina toda la semana", me dijo una psicóloga. "Imposible", pensé, "prefiero que me deje dormir hasta tarde aunque sea un día a la semana".
Hoy cambié de opinión, es domingo, son las 1 a.m y todavía no se duerme. Mañana llegaré a la oficina con unas ojeras enormes y con muuuucho sueño. Creo que comenzaré a escuchar consejos, puede que haya gente con experiencia y reglas básicas que hagan mi vida más fácil.
Él es el primero en levantarse. Nos despierta como a las 7 u 8 y desde esa hora quiere comenzar a jugar. No importa si la noche anterior los papás tuvieron una fiesta y se acostaron tarde o si tenemos dolor de cabeza, cuando él se levanta toca comenzar a correr.
Para solventar esa situación, comenzamos a dejarlo despierto hasta tarde los viernes. Así el sábado se levanta tarde y nos deja dormir. Lo mismo ocurre el domingo. El problema es que como se levanta cerca del medio día, toma una siesta como a las 6 pm, y su hora de sueño se trastorna totalmente.
A veces es domingo 1 a.m y el pequeñín no se quiere dormir. Quiere que lo cargue y lo pasee por toda la casa como si fuera un bebé de meses.
Mucho menos quiere levantarse el lunes. Ni que lo mueva, ni que lo vista dormido, ni que le diga que le preparé su comida favorita, nada. No hay poder humano que lo saque de la cama.
"Tienen que mantener la rutina toda la semana", me dijo una psicóloga. "Imposible", pensé, "prefiero que me deje dormir hasta tarde aunque sea un día a la semana".
Hoy cambié de opinión, es domingo, son las 1 a.m y todavía no se duerme. Mañana llegaré a la oficina con unas ojeras enormes y con muuuucho sueño. Creo que comenzaré a escuchar consejos, puede que haya gente con experiencia y reglas básicas que hagan mi vida más fácil.
Que sea sanito y... niña
Cuando me dijo la doctora que iba a tener un varón mi respuesta fue "¿esta segura?" y mientras mi esposo y mi padre se abrazaban de la felicidad de tener un heredero, yo me quedé pensando que mis sueños de vestir y peinar a una princesita no se harían realidad.
Me hice a la idea de que tendría una experiencia distinta a la que deseaba, pero estaba dispuesta a disfrutar del pequeño traviso que me llegaría.
Y así fue. Desde antes de que Christian naciera ya conocíamos todos los productos de varones, los juguetes especiales para bebés, las decoraciones de animalitos para el cuarto, etc.
Cuando llegó el bebé disfruté al máximo de sus ropitas azules, de sus primeros carritos, de las pelotas, de las espadas, de las pistolas. Hoy, a sus 4 años, me disfrazo del zorro y corro detrás de él que vestido de Power Ranger intenta atraparme.
En mi opinión creo que soy una gran mamá de un niño varón.
Pero cuando pienso en mi próximo bebé, estoy segura de que esta vez sí será una niña. Espero que Dios en algún lugar esté viendo como paso las noches jugando partidos de futbol, haciendo combates con espadas, e intentando rescatar a los buenos con la ayuda de los super héroes. Y seguramente el verme dirá " Esta mamá se lo merece".
Creo que he hecho los méritos para que me manden una princesa.
Y frente a la frase común de las embarazadas "no me importa lo que sea (niña o varón), yo solo quiero que sea sanito", yo diría " Dios mio que sea sanito, pero niña".
Me hice a la idea de que tendría una experiencia distinta a la que deseaba, pero estaba dispuesta a disfrutar del pequeño traviso que me llegaría.
Y así fue. Desde antes de que Christian naciera ya conocíamos todos los productos de varones, los juguetes especiales para bebés, las decoraciones de animalitos para el cuarto, etc.
Cuando llegó el bebé disfruté al máximo de sus ropitas azules, de sus primeros carritos, de las pelotas, de las espadas, de las pistolas. Hoy, a sus 4 años, me disfrazo del zorro y corro detrás de él que vestido de Power Ranger intenta atraparme.
En mi opinión creo que soy una gran mamá de un niño varón.
Pero cuando pienso en mi próximo bebé, estoy segura de que esta vez sí será una niña. Espero que Dios en algún lugar esté viendo como paso las noches jugando partidos de futbol, haciendo combates con espadas, e intentando rescatar a los buenos con la ayuda de los super héroes. Y seguramente el verme dirá " Esta mamá se lo merece".
Creo que he hecho los méritos para que me manden una princesa.
Y frente a la frase común de las embarazadas "no me importa lo que sea (niña o varón), yo solo quiero que sea sanito", yo diría " Dios mio que sea sanito, pero niña".
¿Vas a trabajar o a jugar?
Para animar a mi hijo a quedarse tranquilo en su guardería sin hacerme un berrinche se me ocurrió proponerle que yo sería la que se quedaría en el colegio y que él sería el encargado de ir a trabajar en mi lugar.
- Ok, Christian llegamos. Llévate el carro y vete a mi trabajo que yo me quedaré aquí en la escuela.
- No mami, me dijo. Y entró corriendo, se quedó animado en su salón y no soltó ni una lágrima.
Después de varia escenas similares, cierta mañana le dije:
-Ya llegamos, yo me quedo aquí y tu te vas a trabajar.
- Me respondió okey mami.
(Oh, oh, me quedé pensando, mi truco ya no funciona)
¿Y que vas a hacer en el trabajo?, le pregunté.
- Voy a jugar todo el día como tú.
En ese momento no supe si reir o llorar. Me pareció inocente que mi hijo pensara que paso 8 horas del día jugando en una oficina.
- Pues dejame decirte una cosa, mami cuando te deja en la escuela no se va a jugar, se va a trabajar muy duro para ganar dinero.
- ¿Monedas mami?
- Sí, monedas.
- Ah, Ok yo me quedo aquí, me dijo.
Lo dejé y me fui pensando que desde muy pequeños nos toca enseñarle a nuestros hijos el valor del trabajo y el sacrificio que hacemos para darles todo lo que nos piden. Al fin y al cabo, nuestras oficinas están muy lejos de una sala de juegos.
- Ok, Christian llegamos. Llévate el carro y vete a mi trabajo que yo me quedaré aquí en la escuela.
- No mami, me dijo. Y entró corriendo, se quedó animado en su salón y no soltó ni una lágrima.
Después de varia escenas similares, cierta mañana le dije:
-Ya llegamos, yo me quedo aquí y tu te vas a trabajar.
- Me respondió okey mami.
(Oh, oh, me quedé pensando, mi truco ya no funciona)
¿Y que vas a hacer en el trabajo?, le pregunté.
- Voy a jugar todo el día como tú.
En ese momento no supe si reir o llorar. Me pareció inocente que mi hijo pensara que paso 8 horas del día jugando en una oficina.
- Pues dejame decirte una cosa, mami cuando te deja en la escuela no se va a jugar, se va a trabajar muy duro para ganar dinero.
- ¿Monedas mami?
- Sí, monedas.
- Ah, Ok yo me quedo aquí, me dijo.
Lo dejé y me fui pensando que desde muy pequeños nos toca enseñarle a nuestros hijos el valor del trabajo y el sacrificio que hacemos para darles todo lo que nos piden. Al fin y al cabo, nuestras oficinas están muy lejos de una sala de juegos.
Saturday, October 11, 2008
¿Ideas para un disfraz de Halloween?
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