Thursday, September 2, 2010

Con el brazo fracturado

“Baby, creo que Christian se fracturó el brazo”, me dijo mi esposo con voz nerviosa y alterado. “Pues corramos al hospital”, le dije.
Cuando vi a mi hijo era evidente que algo pasaba en su brazo, que en vez de estar derecho tenía un abultado en la muñeca. En el carro me enteré de que mi travieso hijo se cayó de las barras conocidas aquí como monkey bars.
Al caer al piso perdió el equilibrio y cayó sobre su brazo derecho.Al llegar a emergencias, mi esposo lo cargaba, él lloraba y yo “supuestamente” tranquila llenaba las planillas necesarias.
Le entablillaron el brazo mientras esperábamos y desde ese momento yo me comencé a marear y hasta tuve que sentarme, pues ahora, con cinco meses de embarazo, no tengo la misma fortaleza de siempre.
Cuando nos pasaron a ver al doctor, mi hijo seguía llorando, mi esposo lloraba con él y yo tuve que pedir una camilla porque me iba a desmayar. Los pobres doctores en lugar de atender a una sola persona, tenían que atendernos a los tres.
Tres horas después llegó el ortopedista, anestesiaron a mi bebé y con un jalón el médico le enderezó su muñeca quebrada y le colocó un yeso.
A Christian le dejaron el yeso por cinco semanas, pero creo que para él el aprendizaje llegó mucho más rápido que su recuperación. La misma noche en que se quebró el brazo le dijo a su primita: “Los monkey bars son muy altos yo no juego más allí”.
Le tomó sus cuatro años de vida y un brazo roto para darse cuenta del peligro que hay en el parque. Definitivamente nadie aprende con los consejos de los padres, ni con las experiencias ajenas.

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